ENTREGA DE LOS ESTATUTOS DEL
CAMINO NEOCATECUMENAL
INTERVENCIÓN DEL PADRE MARIO PEZZI:

Pontificio Consejo para los Laicos - Salón de actos
Roma, 28 de junio de 2002

 

 

Estoy muy contento y agradecido al Señor, le doy gracias por este día, por este reconocimiento.

También yo tengo una historia. Todavía recuerdo cuando de pequeño escuchaba en la radio al Papa Pío XII que en sus discursos de Navidad hablaba de una cercana primavera de la Iglesia. Era pequeño pero esta frase me impresionó. Luego pude seguir el desarrollo del Concilio Vaticano II en mi tiempo de Noviciado, y aquí en Roma he podido conocer en el estudio de la Teología en la Pontificia Universidad Urbaniana el espíritu de la renovación del Concilio.

Antes de ser ordenado y de conocer a Kiko y Carmen, he vivido una tribulaciòn interior: eran los años 1968 y 69, veía que existía como una separación entre el presbítero y el pueblo de Dios, un lenguaje que la gente no entendía, una liturgia que incidía poco en la vida de las personas, un divorcio entre fe y vida - tenía un pariente que por motivos de herencia durante 40 años no había entrado en casa, no había vuelto a saludar a su madre y esto a causa de una herencia, por motivos de dinero, y sin embargo iba a misa todos los domingos: este y otros hechos parecidos me interrogaban, y buscaba respuestas que el Concilio habia dado, pero me preguntaba cómo se podrían realizar.

En esta tribulaciòn interior, ha sido providencial para mí, mi director espiritual que me dijo: "No des ningún paso hasta que Dios no te manifieste su voluntad. Cuando te la manifieste lo hará con claridad y con paz". Viví durante 6 años esta tribulaciòn interior, acepté ser ordenado presbítero porque estaba seguro de la vocación pero no sabía cómo desarrollar mi apostolado. Seis meses después de ser ordenado, conocí a Kiko y a Carmen, y en el Camino Neocatecumenal he encontrado la respuesta a aquellos interrogantes.

Para mí hoy es un día importante, porque en estos 32 años hemos visto maravillas - yo he sido testigo junto a Kiko y Carmen, no soy iniciador, sino que he sido llamado a colaborar con ellos como presbítero - hemos visto maravillas: hemos sido confortados sobre todo por el Santo Padre, por muchos Obispos, también hemos tenido muchos sufrimientos. A veces me desanimaba y pensaba: "¿Cómo es posible que la Iglesia no se dé cuenta de la urgencia, de la necesidad que hay de un catecumenado?" Como misionero comboniano era destinado a África, y he vivido este Camino pensando que el catecumenado serìa esencial para la misiòn, porque en África hemos tenido muchas tragedias. Por ejemplo, en Burundi, dónde había un catolicismo floreciente, con la guerra civil se ha visto a los cristianos matarse y destrozarse. Esto ha originado una crisis en muchos misioneros, algunos han perdido la fe. Faltaba una iniciación cristiana más profunda. Yo decía que el Camino habría podido ayudar, como vemos hoy en nuestras comunidades en varias naciones de África.

Y hoy veo que el Señor ha sido fiel y que la Iglesia es verdaderamente una madre.

Pido perdón a Mons. Rylko si a veces le he hecho ponerse nervioso. Pero hoy me da mucha alegría ver la realización de la maternidad de la Iglesia al reconocer oficialmente el Camino neocatecumenal, y también veo que se cumple la Palabra del Evangelio que hemos proclamado: "Ni la carne ni la sangre te lo han revelado, sino mi Padre".

También me da seguridad la palabra del Señor: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Ser confirmados por Pedro nos da más vigor, nos confirma en la misión que se nos confía y nos ayuda en las cruces que nos esperan. Esto es lo que yo siento.