ENTREGA DEL ESTATUTO DEL
CAMINO NEOCATECUMENAL
INTERVENCIÓN DE CARMEN HERNÁNDEZ

Pontificio Consejo para los Laicos - Aula Magna
Roma, 28 Junio 2002

 

¿Sabéis cómo querría comenzar delante de esta Virgen que nos preside? "Magnificat anima mea Dominum..., mi espíritu exulta en Dios mi salvador..." Con esto me traslado a Ein Karem, donde llegué por gracia del Señor tras una kenosis enorme, vivida en el 62, en la cual subí al Moria con mi Isaac, que era mi vocación misionera ya dispuesta para ir a India. Tuve que volver a mi casa con Jacob.

¡Estoy contenta de que hoy sea viernes y de que la fiesta de San Pedro y San Pablo caiga en sábado, porque también esto me lleva al Concilio Vaticano II y al Triduo Pascual!

Yo os doy las gracias: a Rylko y a este Consejo que habéis sufrido con nosotros.

Pero doy gracias sobre todo a Mons. Farnés que está aquí. También le felicito, ya que se llama Pedro. Él, joven y guapo, venía del Instituto de Liturgia de París el año 1961. Farnés es doctor en Liturgia y vivió toda la preparación al Concilio con Dom Botte (es verdaderamente un hijo de Dom Botte), con Bouyer, con los grandes que preparaban toda la renovación litúrgica del Concilio.

Para hacerlo breve, en un forzado desvío aéreo que me hizo el Señor, me encontré en Barcelona en lugar de en India. El padre Farnés estaba en Barcelona. Allí hay un museo, el museo Marés, donde están recogidos todos los crucifijos románicos, maravillosos. Muchas veces iba yo allí y lloraba viendo a Jesucristo juzgado en nombre de la ley, pero verdaderamente triunfante sobre la cruz.

Yo he sido devotísima de la Eucaristía. Dios ha permitido que no dejara una comunión ni viva ni muerta, y aún me levantaba por la mañana antes de ir a la Universidad, corriendo corriendo, hacía mihora de oración a lo Jesuítico antes de la Misa. Queria decir que a mí Dios con la Eucaristía me ha liberado de mil follones. Hasta todos los viajes que he hecho con mi padre Rabat, Casablanca y todos esos sitios que es dificil encontrar una iglesia, yo he encontrado siempre una Misa para comulgar. No dejaba la comunión por nada al mundo. Era para mí esta Presencia de Jesucristo que me ayudaba; y es así. Pero luego, a través de la kenosis más grande de mi vida que he vivido en Barcelona, allí Dios me abrió la oreja para entender qué significaba el Concilio Vaticano II, a través del Padre Farnés. Que no solamente es que está presente Jesucristo y te viene a hacer una visita al corazón y a ayudarte, sino que lo que allí se hace presente es la Resurrección del Señor de la muerte, y que te invita a entrar en la muerte con Él para resucitar con Él. Que tiene una dinámica y un canto a la Resurrección. Y que se necesita una comunidad de expresión. Todo esto que el Concilio ha hecho como una renovación. Este era el SOL DE LA RESURRECCIÓN que, en ese momento, estaba aún como cubierto de nubes por una serie de interpretaciones medievales. El Concilio, volviendo a los orígenes, revelaba la fuerza de la Pascua, de la noche que pasa a la luz de la resurrección y cuán importante era que Jesucristo hubiese ido a Egipto y hubiese salido de Egipto, hubiese pasado de la esclavitud a la libertad.

Este ha sido para mí un descubrimiento pascual inmenso, hecho por medio de Mons. Farnés. Era verdaderamente la renovación del Concilio Vaticano II que tenía en la liturgia un florecimiento, un esplendor pascual impresionante. Era el 1961.

Pero leyendo un escrito de Wojtyla del 1952, cuando aún era cura, se entiende cómo ha vivido él, no sé cómo ni de qué manera, la fuerza de la noche de Pascua, la noche de la luz, la noche del agua, lo importante que es el bautismo por inmersión para significar el paso del Mar Rojo verdaderamente en esta noche única y maravillosa que ilumina toda la liturgia. Incluso propone ya el catecumenado para el siglo XX. Esta sensibilidad del Papa me emociona porque él lo siente tan fuertemente que aún ahora, estando tan enfermo como está, ha celebrado la vigilia la noche de Pascua y ha celebrado los bautismos.

Y después de Navidad en la fiesta de San Juan "desciende al Jordán a bautizar a los niños" y lo ha hecho en la Sixtina con todas las familias y los niños que lloran. Lo veo con una fuerza enorme.

Por todo ante todo esto doy gracias a Dios que es inmenso y que ha fundado su Iglesia sobre la roca, sobre Pedro. Porque en medio de estos grandes sufrimientos que he tenido en Barcelona, en que descubrí la Pascua, Dios me llevó a la tierra de Israel que recorrí sin dinero ni nada. Desde el Líbano en Trípoli, donde hay un Santuario y muchos cedros, hasta el Neguev y hasta Eilat en el mar Rojo. Y no se podía pasar al Sinaí entonces. Recorrí a pie toda aquella tierra y Dios me abrió las Escrituras en una forma impresionante. Doy gracias al Señor.

Una de las gracias más fuertes que he tenido fue en Ein Karem. Yo pensaba fundar, con algunas amigas, una asociación nueva, un movimiento. Pero sentí de parte de la Virgen: "No..., es la Iglesia: Bendita tu entre las mujeres, será la Iglesia". Y yo, en medio de mil problemas iba a menudo a la roca del Primado. En aquel tiempo no había muchos turistas; había problemas como ahora, estaba aún el muro en Jerusalén; yo iba al Primado de Pedro y allí pasaba horas y días sentada sobre la roca, pidiendo a Dios [saber] cuál era el lugar que tenía yo en la Iglesia. Por esto al volver de Israel fui lo primero a San Pedro y recé allí el Credo; luego fui a San Pablo. Por esto me emociona que este decreto se firme el día de los Santos Pedro y Pablo, porque luego he visto pasar por aquí a todas las comunidades y después ir a Tierra Santa, donde Dios me había preparado.

Quiero mucho a Kiko Argüello, que es un artista. Lo he conocido por casualidad, porque él trabajaba con una hermana mía (ayudando a prostitutas y a homosexuales). Ir a Madrid era lo último que yo quería. Mi padre, que era un industrial, con proyectos enormes, me había hecho estudiar ciencias y química y me decía: "Con tu padre harás más por las misiones..." Bien, no quería ir a Madrid. Kiko me está ya interrumpiendo, como de costumbre: ¡1 a 0! Cuando comienzo a hablar Kiko me interrumpe.

Dios no me ha preparado con el teatro, sino con la ciencia y con la química y me ha dado gracias enormes. Decía que encontré a Kiko por primera vez porque mi hermana decía: "He conocido a un mesiánico como tú. Lo tienes que conocer". Quedado citados en la plaza de la Cibeles, en un bar frente a correos. Él tardó media hora y al final, cuando tenía que irse, me pidió mil pesetas, el dinero para el taxi. ¿Entendido? Este fue mi primer encuentro con Kiko. El segundo encuentro fue en un bar de Palomeras. Yo tenía algunas amigas y quería hacer con ellas una fundación nueva. Ya había vivido con los pobres en Barcelona antes del 64. Digo esto porque también es verdad esta fecha del 64, pero para mí el Camino comenzó con el Concilio. Y no me interrumpas, Kiko, porque tengo que contar mi experiencia a la Santa Madre Iglesia.

Entonces, en aquel bar de Palomeras Altas, yo miraba a Kiko así... Porque yo venía de grandes sufrimientos y él me parecía un jovenzuelo en pleno cursillismo... Y me dijo que había tenido una visión de la Virgen que le había dicho que hiciera comunidades como la Sagrada Familia de Nazaret. Yo había estado mucho tiempo en Nazaret y en la gruta, cuando aún no estaba construida la Iglesia, pero había desaparecido para mi San José; yo sentía con fuerza la Virgen y el anuncio del Evangelio, la evangelización, pero no San José. Y cuando Kiko comenzó a hablar de la Familia de Nazaret pensé: "Este es un joven cursillista santurrón". Pero después vi cómo Dios lo había conducido a esta idea de la "pequeña comunidad", que muchas veces había intentado hacer, en otros lugares antes de las barracas y no lo había conseguido. Pero en las barracas se encontró con el Concilio gracias a mí. Yo digo siempre que le serví el Concilio en una bandeja de plata, en medio de luchas infinitas. Hemos luchado a muerte para hacerle pasar del Siervo de Yahveh - que es verdad - y de la cruz a la resurrección. Por eso el primer canto que hizo fue el Siervo de Yahveh y el último, después de grandes batallas, tras haber vivido la noche de Pascua... Aquí hay un testigo de todas estas cosas. Es José Agudo, uno de los primeros de las barracas, con su mujer Rosario que es una verdadera gitana: tienen 15 hijos. (Aplausos).

Padre, la maravilla fue que Mons. Morcillo, Arzobispo de Madrid, en un momento importantísimo vino a las barracas; en ese momento comencé verdaderamente a colaborar con Kiko, porque yo había hecho una serie de cosas independientemente de él. Fue la Iglesia la que nos ayudó siempre. Podría contar muchas cosas de Pablo VI, de cómo la Iglesia nos ayudó siempre. Yo hoy doy gracias al Señor de estar en la Iglesia.

Para mí el Estatuto es un andamio, un andamio; lo más importante es estar en la Iglesia y este andamio será en el fondo una aportación a la renovación de la Iglesia deseada por el Concilio, para que la Iglesia sea verdaderamente una luz que ilumina la globalización, el problema de los jóvenes que estamos viendo. La juventud sigue a este viejo Papa que tiene una fuerza de atracción enorme porque representa a Pedro. Estoy contenta de la lectura que se ha hecho hoy: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Esta ha sido siempre en mí una fe inamovible. De Kiko no me importa nada, pero sí me importa que esto esté en la Iglesia. Kiko y yo pasaremos, como todo pasa, como todas las congregaciones pasan, pero la Iglesia no; no pasa la Iglesia con su FUENTE BAUTISMAL DE RENOVACIÓN Y CON EL SOL DE LA RESURRECCIÓN hacia la que camina la historia. Hoy mismo estamos navegando en la tierra, la tierra no está parada. El universo está en un viaje maravilloso en la luz. La física dice hoy que vamos caminando hacia la luz y me emociona la lectura de hoy: "Tú eres Pedro". Y ¿sabéis lo que sucede 6 días después de este evangelio en Cesarea de Filipo, donde se realiza este Evangelio? ¡La transfiguración!

Padre, ¡ve que Kiko no me deja hablar nunca! La Virgen no habla, pero en Pentecostés es más importante que todos los apóstoles.

Bien, yo doy las gracias a todos, especialmente a Mons. Rylko, porque la batalla que hemos mantenido ha sido interesantísima. Él tenía un deseo enorme de ayudarnos, de verdad, y para él la verdadera ayuda era asegurarnos en una asociación. La lucha que hemos mantenido le ha hecho bien a él y a nosotros. Y también a este Pontificio Consejo que tendrá un futuro inmenso, apoyando al camino neocatecumenal.

En esta batalla he recordado muchas cosas de la historia, porque he visto que no somos ni Kiko ni yo, sino Dios que está actuando en la historia a través de Pedro. Ahora, que venimos de China, Padre, vemos cómo Dios provee: ha puesto allí una familia que nosotros no habíamos preparado, que sabe el chino y que está ya haciendo cosas maravillosas de evangelización. Y prepara así también a Rusia: hemos visto milagros y milagros.

Gracias a Mons. Rylko. Muchas veces me parecía que Mons. Stafford no entendía. Nosotros lo conocíamos de Denver y lo queríamos mucho. Le doy las gracias porque me visitó en el hospital cuando estaba enferma. ¡Me prometió una ayuda económica y no me ha dado un dólar! ¡Estoy aún esperando! Y gracias también a Carriquiry que ha tenido una paciencia inmensa y que con la espada levantada ha mantenido la batalla con nosotros, mientras Rylko estaba detrás. Tenemos que dar las gracias también a D. Miguel Delgado del Opus Dei que nos ha ayudado tanto. Ya cuando era jovencita y estudiaba química tenía una compañera del Opus Dei, que me quería hacer entrar en el Opus Dei. Pero yo quería ir a la misión y por eso no entré en el Opus Dei. Yo he conocido al Padre Escrivá de Balaguer y a D. Marcelino Olaechaga.

Y ¿sabéis por qué doy las gracias también? ¡Porque no hemos caído en el kikianismo! El peligro verdadero no era Mons. Rylko con la asociación, el peligroso para mí es Kiko Argüello. Pero no queremos morir "kikos". SOMOS UNA INICIACIÓN CRISTIANA EN LA IGLESIA. POR TANTO ESTAMOS EN LA IGLESIA, ¡EN LA IGLESIA! Y Kiko puede morir con todo su kikianismo y sus cantos y continuará la piscina bautismal manando agua porque "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", donde yo quiero estar. Para terminar digo con Sta. Teresa: Gracias porque me permite morir en la Iglesia.

Mons. Rylko: Ahora, para completar el trípode, falta una palabra del P. Mario.